tenerlo.

Este tipo de vehículos tiene dos inconvenientes. Uno es el depósito de hidrógeno: un gas muy explosivo. Un depósito de hidrógeno en un vehículo puede convertirse en una bomba, en caso de accidente. De ahí que las medidas de seguridad del depósito son muy  exigentes.
El otro es la obtención del hidrógeno: ¿de dónde lo sacamos?. La materia prima es inagotable: el agua. Mediante procedimiento de electrolisis se puede descomponer el agua, almacenar el hidrógeno y liberar el oxígeno a la atmósfera. Se sabe hacer. Se puede hacer. Pero para hacerlo hace falta… ¡ELECTRICIDAD!.
Es evidente: se trata del proceso inverso al de la pila de hidrógeno. En el vehículo la pila de hidrógeno combina el hidrógeno con el oxígeno para generar electricidad. Y en la electrolisis consumimos electricidad para generar hidrógeno descomponiendo el agua.
Por tanto, este motor tan limpio se abrirá paso en la industria cuando seamos capaces de obtener el hidrógeno de una forma barata. Las ideas apuntan a montar centrales solares, eólicas o mareomotrices que, lenta pero constantemente, vayan utilizando la electricidad generada para producir hidrógeno que luego utilizarán los vehículos. En este sistema, el hidrógeno actúa como almacenador y no como fuente de energía, que sería la solar, eólica o mareomotriz utilizada para obtenerlo.

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