El Maestro Antonio Morón nació en Cabezas de San Juan (Sevilla). A comienzos del siglo XX llegó a Almendralejo. En un principio se encargaba de reparar las piezas de madera rotas de las primeras cosechadoras de algodón que llegaron a Extremadura.
Tras el abandono del cultivo del cereal en la comarca, y la nueva adopción de la vid, el maestro montó su propio taller de fundición. A partir de ese momento, aplicó su ingenio al desarrollo de máquinas que facilitaran la elaboración de cantidades de vino cada vez mayores.
El taller del Maestro Morón permaneció abierto hasta los años noventa. Tras su muerte (1967), continuó su hijo Manuel al frente del negocio que siempre estuvo en la plaza de Almendralejo que hoy rinde homenaje al inventor con su nombre.
El taller del Maestro Morón permaneció abierto hasta los años noventa. Tras su muerte (1967), continuó su hijo Manuel al frente del negocio que siempre estuvo en la plaza de Almendralejo que hoy rinde homenaje al inventor con su nombre.